Daniel y la Princesa del Mercado Nocturno
Daniel caminaba con su hermana Sofía por el mercado nocturno. Las luces brillaban como estrellas caídas. Sofía llevaba su muñeca princesa favorita, la que abuela le había regalado hace años.
«Mira, Daniel», señaló Sofía. «Una tienda de magia.»
Dentro había espejos, cristales y cosas que brillaban. Daniel tocó una varita. Sofía tocó una corona plateada. Cuando salieron, la muñeca de Sofía no estaba.
«¡La perdí!», lloró Sofía. «Abuela me la dio. No puedo..."
Daniel sintió que el miedo le apretaba el pecho. Sofía estaba triste. Su hermana lo necesitaba. Podía intentar buscar. Podía no rendirse.
«Vamos a encontrarla», dijo Daniel. «Tú y yo juntos."
Volvieron al mercado. Daniel preguntó en cada tienda. Una vendedora de flores lo miró pensativa.
«Hay una niña elfa que vive en el árbol grande», dijo. «A veces recoge las cosas que se pierden."
Daniel y Sofía corrieron hacia el árbol. Allí, una pequeña criatura con alas translúcidas estaba peinando el cabello de la muñeca.
«¡La encontraste!», gritó Daniel.
«Estaba sola», susurró la elfa. «Quería ayudarla."
Daniel entendió. La elfa también quería reparar la tristeza. Sonrió.
«¿Quieres venir con nosotros? Abuela hace galletas."
La elfa asintió, tímida.
Cuando llegaron a casa, abuela estaba esperando con té caliente y galletas de vainilla. Sofía abrazó su muñeca. La elfa se sentó cerca del fuego, sonriendo por primera vez.
Daniel metió a Sofía en la cama. Le pasó su muñeca princesa.
«Fuiste valiente», susurró Sofía, y cerró los ojos.
Daniel se acostó en su cama. Afuera, la luna brillaba suave. Había confiado en sí mismo. Había cuidado a su hermana. Había ayudado a alguien solo.
Su respiración se hizo lenta y profunda.