Daniel y la Criatura Tímida del Árbol

Spanish · 2 min read · Values: Believing in yourself, Kindness and compassion, Honesty and truthfulness, Tikkun Olam (repairing the world)
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Daniel subió por la escalera de cuerda hacia su casita en el roble. Adentro había bloques de madera, una linterna y un frasco para criaturas amigas. Hoy quería construir algo especial.

De repente, oyó un sonido pequeñito: *pío-pío-pío*.

Debajo de una rama asomaba una criaturita extraña. Tenía tres ojos redondos, orejas como pétalos y un cuerpo suave de color lavanda. Parecía triste.

—Hola, pequeña —susurró Daniel—. ¿Qué te pasa?

La criaturita no respondió. Solo temblaba.

Daniel pensó. Sabía que las criaturas asustadas necesitaban algo tranquilo. Tomó sus bloques y comenzó a construir una casita diminuta, una junto a la otra. *Clac, clac, clac* sonaban los bloques.

La criaturita dejó de temblar.

Daniel le mostró un platito con agua fresca. La criatura dio un pasito. Luego otro.

—Eres valiente —dijo Daniel, aunque su voz temblaba un poco también. Él tampoco estaba seguro de qué hacer. Pero siguió intentando.

La criaturita comió. Bebió. Después, hizo algo hermoso: cambió de color a rosa claro, como si sonriera sin boca.

—Me llamo Daniel. ¿Y tú?

Esta vez, la criaturita respondió con un sonido dulce: *pío-pío*, suave como una campana.

Desde ese día, la criaturita visitaba la casita cada tarde. Daniel le construía casitas nuevas con sus bloques. La criaturita le mostraba dónde vivían sus amigas. Juntos hicieron el árbol más bonito del mundo.

Ahora Daniel ya no tenía miedo de las cosas diferentes. Y la criaturita ya no estaba sola.

Cuando el sol se fue, Daniel bajó lentamente. La criaturita lo observaba desde la rama, ahora de color dorado suave. Daniel entró a su casa, se metió bajo la manta tibia y cerró los ojos. En la rama del roble, la criaturita dormía también, segura y feliz.

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