Maya y la Máquina de Bloques del Tiempo

Spanish · 3 min read · Values: Kindness and compassion, Believing in yourself, Honesty and truthfulness, Tikkun Olam (repairing the world)
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Maya encontró una caja bajo el árbol grande. Dentro había bloques que brillaban. Cada bloque mostraba un animal diferente: un pájaro rojo, un pez plateado, una tortuga lenta.

«¿Qué es esto?» preguntó Maya.

Un bloque saltó. Luego otro. Los bloques formaron un tobogán.

«Hola, soy Blocky», dijo una voz diminuta. Era un bloquecito azul, tan chiquito como una almendra.

«¡Hablas!» gritó Maya.

«Y viajo en el tiempo», añadió Blocky. «Pero está roto. Mira».

Maya miró. Los bloques temporales se desmoronaban. Faltaba una pieza pequeñita.

«Sin ella, todos los animales se pierden en el pasado», explicó Blocky con tristeza.

Maya buscó por todos lados. Nada. Luego vio algo: una tortuga muy pequeña, escondida detrás de una piedra.

«¿Tú eres la pieza?» preguntó Maya suavemente.

La tortuga temblaba. Nadie la había visto. Nadie le había hablado.

«Puedes ayudarnos», susurró Maya. «Eres perfecta».

La tortuga salió lentamente. Blocky la colocó en el lugar exacto.

¡CLIC!

La máquina brilló. Un pájaro rojo voló. El pez plateado nadó en el aire. El tobogán de bloques cantaba.

«Lo hiciste», dijo Blocky. «Creíste en ti. Y viste algo que yo no veía».

«¿Qué fue?» preguntó Maya.

«Que lo más pequeño puede arreglarlo todo», sonrió Blocky.

Maya llevó la tortuga a casa. La puso en un rinconcito calientito. Le dio plantas verdes. La tortuga comió lentamente, feliz.

Cada noche, los bloques volvían. Maya hacía nuevas máquinas. El pájaro traía semillas. El pez traía agua fresca. La tortuga reparaba todo con paciencia.

Maya arreglaba el mundo, un bloque a la vez.

Now she sat en su cama. La tortuga dormía en su terrario. Los bloques brillaban suavemente en la repisa.

Las estrellas salieron. La luna era grande y redonda. Todo estaba en paz.

Maya cerró los ojitos. Soñaría con máquinas de tiempo. Con amiguitos pequeños. Con un mundo reparado.

La noche envolvió a Maya en su manto oscuro. Suave. Cálido. Seguro.

Maya se acurrucó bajo su manta calientita. La tortuga dormía tranquila en su terrario. A través de la ventana, la luna grande brillaba suavemente. Todo estaba quieto, tan quieto. Sus ojitos se cerraron lentamente, y respiró profundo, profundo. Buenas noches, Maya.

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